En la actual coyuntura boliviana, donde la crisis económica y la incertidumbre social marcan el pulso diario, el rol del periodismo demanda una introspección urgente. No basta con narrar la crisis; es imperativo analizar cómo la precariedad laboral de los periodistas afecta la calidad de la información. Hoy, más que nunca, la comunidad exige un producto periodístico que no claudique ante la inmediatez o el sesgo. La ética y el profesionalismo deben dejar de ser ideales abstractos para convertirse en el único refugio de una sociedad que busca respuestas en medio del caos.
Es un momento de profunda introspección para el oficio en Bolivia. La crisis no es solo una variable externa; es un factor que altera directamente la estructura de las redacciones y la independencia de quienes ejercen la profesión.
LA PRECARIEDAD COMO AMENAZA A LA INDEPENDENCIA
La crisis económica golpea de dos formas. Primero, reduce la pauta publicitaria (tanto estatal como privada), lo que debilita la sostenibilidad de los medios tradicionales. Segundo, la precarización laboral de los periodistas —muchos trabajan bajo esquemas de "autogestión", sin beneficios sociales, ingresos económicos deficientes — ello genera una vulnerabilidad que puede comprometer el rigor. Es difícil exigir profundidad cuando el profesional está más preocupado por la supervivencia económica que por la investigación.
Según un estudio del CEDLA escrito por la periodista María Luisa Mercado, refiere que “el 79 por ciento de los periodistas trabaja bajo contratos flexibilizados y por períodos de tiempos cortos, solo el 21 por ciento tiene empleos estables con contratos indefinidos. Los salarios han experimentado una drástica reducción, alrededor del 50 por ciento, y se han eliminado bonos y beneficios adicionales. El 45 por ciento de los periodistas gana menos del salario mínimo nacional y el 72 por ciento no alcanza a cubrir el costo de la canasta básica alimentaria”.
En ese contexto, en Bolivia surge el periodismo autogestionario, como respuesta a la precarización laboral, la inestabilidad económica y la necesidad de independencia editorial frente a los grandes medios tradicionales. “Ser periodista hoy significa enfrentar jornadas extensas, contratos inestables y en muchos casos trabajar sin las garantías necesarias para una labor digna, en Oruro somos el 90 % de periodistas autogestionarios, modelo que implica gestionar, producir y financiar nuestros propios medios”, sostuvo el periodista Marco Velásquez presidente de la Asociación de Periodistas y Productores independientes APPI, en un acto al día del periodista.
EL DILEMA DEL "BUEN PRODUCTO" EN LA ERA DIGITAL
La sociedad contemporánea consume un volumen de información sin precedentes; sin embargo, esta abundancia no se traduce necesariamente en mejor periodismo. La digitalización ha impuesto la "trampa del clic": una carrera frenética por la monetización donde el sensacionalismo y el “clickbait” (técnica de marketing digital) que desplazan a la profundidad informativa.
Este fenómeno genera un falso feedback, donde el éxito métrico se confunde erróneamente con la calidad periodística. Lamentablemente, se ha extraviado el norte del oficio al omitir los pilares elementales de la comunicación: el qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué, han desaparecido del lenguaje periodístico y lo que se muestra es una inmediatez de la nota periodística sin contenido profesional que el oficio te obliga. En esta crisis de identidad, la velocidad se impone a la veracidad, sacrificando la contrastación de fuentes —pilar ético innegociable— en el altar de la inmediatez de las redes sociales.
ÉTICA Y RESPONSABILIDAD SOCIAL
Evaluar si el producto informativo cumple con estándares de ética y profesionalismo exige analizar el rol del periodista como mediador social. En tiempos de incertidumbre, el periodista no es un simple transmisor de datos, sino un puente entre la realidad y la ciudadanía. Esta responsabilidad social implica que el compromiso con la verdad debe prevalecer sobre intereses particulares o presiones externas. Ofrecer un "buen producto" no es un acto de vanidad profesional, sino un ejercicio de respeto hacia una comunidad que depende de la información veraz para ejercer sus derechos y tomar decisiones fundamentadas.
El "buen producto" hoy es aquel que ayuda al ciudadano a navegar la crisis: periodismo útil, que explique el porqué de la inflación, por ejemplo, que fiscalice el uso de recursos y que dé voz a quienes más sufren el contexto actual. Ese es un servicio público.
La pregunta del millón, ¿es posible sostener la ética cuando el modelo de negocio está roto? Quizás la respuesta resida en volver a la esencia: el periodismo no como un negocio de venta de noticias, sino como un servicio de construcción de la verdad para la comunidad. Reflexión que queda abierta.
EN LAS UNIVERSIDADES: ¿TEORÍA O REALIDAD?
Es una pregunta incisiva y necesaria. La respuesta corta es que, aunque el debate existe, hay una brecha peligrosa entre la teoría académica, la realidad del gremio y la urgencia de la crisis boliviana. En las aulas universitarias bolivianas, el debate suele ser más histórico-romántico que práctico. Se enseña la ética desde autores clásicos, pero se discute poco sobre cómo mantener esa ética cuando el sueldo no llega a fin de mes o cuando el algoritmo de Facebook dicta qué es noticia.
Falta una actualización curricular que prepare al estudiante para la resistencia ética en entornos digitales precarios. Se gradúan comunicadores con mucha teoría, pero con pocas herramientas para enfrentar las presiones políticas y económicas del "mundo real".
Sin duda, el panorama del periodismo en Bolivia atraviesa una crisis estructural profunda, caracterizada por una severa precariedad laboral que afecta directamente la calidad y ética de la información, existe un consenso sobre la disminución del periodismo de investigación de calidad y un aumento del sensacionalismo, a menudo impulsado por la necesidad de clics en entornos digitales y la falta de recursos en sus propias redacciones.
Sirvan estas líneas para reflexionar sobre este noble oficio, mas de 40 años en la practica del periodismo y la docencia universitaria me permiten hacerlo. Feliz día del periodista.
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