Es poco frecuente que me motive a escribir sobre la vida de una persona, y aún más cuando se trata de un amigo con quien compartí el arte en nuestra juventud. Recuerdo aquellos días en los que organizábamos conciertos solidarios para niños de escasos recursos económicos, distribuyendo lo recaudado en alimentos, ropa y donativos de personas de buen corazón a orfanatos en Oruro.

Es poco frecuente que me motive a escribir sobre la vida de una persona, y aún más cuando se trata de un amigo con quien compartí el arte en nuestra juventud. Recuerdo aquellos días en los que organizábamos conciertos solidarios para niños de escasos recursos económicos, distribuyendo lo recaudado en alimentos, ropa y donativos de personas de buen corazón a orfanatos en Oruro.

No puedo evitar evocar nuestros ensayos musicales, donde los instrumentos de viento, cuerdas y bombos se unían en armonía, con tu guitarra marcando el ritmo. Aquellos ensayos estaban llenos de un entusiasmo febril, ya que la música era parte esencial de nuestra vida diaria como jóvenes inquietos, deseosos de compartir melodías y alegrar la fría campiña.

Las brisas del altiplano, con su fragancia a copajira, acompañaban nuestros acordes mientras recorríamos la emblemática calle 6 de Octubre de la ciudad del carnaval, al son de la famosa "Guerra" (Rio de Akamani), un huayño-sicuri compuesto por el gran músico boliviano Silverio Quillca.

Los momentos de bohemia y largas tertulias siempre estaban presentes, al ritmo de la música del grupo que tú liderabas junto a tu hermano Alfredo, y al que llegué gracias a tu invitación y a nuestro hermano de troverías musicales, Gonzalo Fuentes. Nostálgicos recuerdos de”Convivencia Punchay” llenan mi mente.

Y no puedo dejar de recordar tu valioso aporte con "Oruro querido", una composición de Arturo Peñaranda, que fue inmortalizada en una grandiosa interpretación junto a tu banda, el Sexteto Vocal Quirquincho.

Mi querido Henry , tu paso por la universidad fue sobresaliente y te convertiste en un gran profesional en ingeniería. Luego de dejar la música, te trasladaste a otra ciudad, (la llajta querida) y como dice el dicho, "nadie es profeta en su tierra". Sin embargo, te transformaste en un exitoso empresario, aportando dinamismo a tu empresa, al igual que lo hacías con la música. Generaste empleo para muchas personas, siempre al lado de tu familia, cuyo apoyo fue fundamental en tu camino.

Hoy solo me queda repetir estos versos de Alberto Cortez

Cuando un amigo se va/

una estrella se ha perdido/

la que ilumina el lugar/

donde hay un niño dormido/

Te fuiste amigo y se queda un árbol caído, que no volverá a brotar porque el viento te ha vencido, pero vivirás entre nosotros, adiós mi apreciado Henry Estrada.

De tu amigo Ricardo Rocha Guzmán