Gamagori es una ciudad de la Prefectura de Aichi - Japón, su población se dedica a la agricultura y que por tradición cultiva apetitosas mandarinas. De este lugar es Takaatsu Kinoshita un músico que no se explica porque le gusta tanto lo andino, se involucró con la música boliviana desde los 11 años, y desde entonces asume ser parte de la cultura boliviana.
Gamagori es una ciudad de la Prefectura de Aichi - Japón, su población se dedica a la agricultura y que por tradición cultiva apetitosas mandarinas. De este lugar es Takaatsu Kinoshita un músico que no se explica porque le gusta tanto lo andino, se involucró con la música boliviana desde los 11 años, y desde entonces asume ser parte de la cultura boliviana.
Los 27.134 km. que separan Bolivia y Japón no fue impedimento para conversar vía internet sobre el apasionante mundo de la música de los andes, conocer los periplos culturales hacia Bolivia de Takaatsu Kinoshita.
ERNESTO CAVOUR Y TAKAATSU KINOSHITA
Takaatsu es un artista autodidacta, “me involucro con la música andina porque tenía una hermana mayor que trabajaba en kínder, ella compró algunos discos de música folclórica del mundo, entre ellos había dos discos de Uña Ramos (quenista argentino) y no sé porque al escuchar el disco de Uña empecé a enamorarme de la música andina (1974), de esa manera me inicié aprendiendo la quena, siendo mi debut musical en Bolivia como quenista del Grupo Altiplano”, introduce nuestra conversación.
Sin duda Ernesto Cavour+ es un referente de la música boliviana en el exterior, su talento lo llevó a participar en importantes festivales en países de cinco continentes además de compartir escenario, con grandes de la música internacional como: Paco de Lucia, Andrés Segovia, entre otros.
“El año 1980 conocí al maestro del charango Ernesto Cavour y su hermano Lucho en su primera gira por Japón, me invitó a tocar la guitarra y grabamos dos canciones para el sello Polydor en Tokyo. Luego de esa gira, el maestro me sugiere visitar Bolivia para estudiar la música boliviana con mayor profundad, debido a mis estudios en colegio no me era fácil, sin embargo, al siguiente año decido viajar a La Paz, y gracias a una invitación oficial de la embajada de Bolivia me otorgan una visa especial como estudioso de la música boliviana en enero de 1982, fui con la idea de quedarme solo 3 meses y me quedé toda la vida”, rememora Takaatsu.
PEÑA NAIRA Y LUZ DEL ANDE
La Peña Naira fue un centro de cultural muy importante que nació allá por los años sesenta, con la histórica Violeta Parra y el “Gringo” Fabré, a la cabeza del destacado Luis Alberto "Pepe" Ballón. Fue precisamente en ese espacio cultural que Takaatsu inició sus presentaciones, “después de 2 semanas de mi llegada, (1982) empecé a tocar con Ernesto Cavour y Fernando Jiménez en la Peña Naira, fue una extraordinaria experiencia la que viví. Posteriormente fui invitado por otros grupos como: Altiplano, Kala Marka, Música de Maestros, pero además de Luis Rico, Zulma Yugar, Alejandro Cámara, Jenny Cárdenas, William E. Centellas, Ricardo Campos, con los que grabé muchos discos”.
Si bien actualmente Takaatsu es guitarrista, también aprendió el charango, gracias a la influencia del maestro Cavour, además del siku, pinquillo, tarka, entre otros instrumentos. “Con Fernando Jiménez, Donato Espinoza, Hernán Ponce+, Néstor Gonzales actuábamos como Grupo Naira, me interesaba encontrar otro nombre, es cuando Orlando Rojas me cede Luz del Ande”.
Luz del Ande nació en la década de 1970, la agrupación estaba formada entonces por Orlando Rojas, Gustavo Farfán, Raúl Lobo y Orlando Lobo, en ese tiempo lanzaron dos discos. Años después, (1986) Rojas entregó los derechos del nombre de la banda a Takaatsu Kinosita, “con gusto acepté tal oferta del nombre, grabamos el primer disco oficialmente con Fernando Jiménez, Donato Espinoza y Hernán Ponce+, y la voz del orureño Adolfo Robles, Manañachu fue la canción icono, viajamos varias veces a Japón, recuerdo que uno de los conciertos más importantes fue año en 1995, luego del terremoto que sufrió la Ciudad de Kobe, hicimos un concierto organizado por ese municipio, con muchos invitados víctimas de dicho desastre, mismo que fue transmitido por la televisión japonesa, posteriormente hicimos varios conciertos en La Paz siempre en el Teatro Municipal, cada concierto para mi es inolvidable, actualmente estamos con; Antonio Pérez, Marcelo Peña, Luis Guillen, Roberto Morales y Chelo Arias”, rememora Takaatsu.
TAKAATSU EL SARIRI
Sariri es una palabra aymara que significa “caminante”, designación que se le otorga a un peregrino de los andes a su vez es el “vigilante” que recorre muchos caminos. Con acertada inspiración los músicos bolivianos Nataniel Gonzáles y Luciano Callejas+ crearon el famoso “El Sariri” a finales de los 70s, quienes la inmortalizaron con el Grupo Aymara de Bolivia, y desde entonces el Sariri recorre el mundo con pies propios, llevando un mensaje del cotidiano andino.
Para nuestro amigo Takaatsu el Sariri, es una melodía que le inspira, “me gusta mucho esa canción, hay muchos músicos callejeros por Europa que la interpretan y la han hecho popular, para mi es una gran composición”, afirma.
Cuando le pregunto; ¿tú te consideras un Sarirí?, muy entusiasmado responde; “¡super pregunta!, no se sí soy, pero me gustaría ser. Es un tema muy altiplánico que tiene el sentir paso de mis abarcas sobre la tierra morena, es un caminar por el pueblo, sea cual fuere en el extenso altiplano boliviano, que se siente al interior de la persona que camina. Yo quiero ser un Sariri, que mis pasos sean de abarcas siempre, pasos de trabajadores”, enfatiza con orgullo.
“También grabé mi propia versión del Sariri, ahí te envió la grabación quiero que escuches, con esa interpretación resumo mi opinión sobre El Sariri, es un lindo tema”, me indica.
LA MÚSICA ALIMENTO PARA EL ESPÍRITU
Para finalizar nuestra tertulia Takaatsu se dirige a las nuevas generaciones de Bolivia, “recuerden que la música es el alimento del espíritu humano pero la música folclórica boliviana es mucho más, es convivencia y expresión sincera de vida, porque es comunitaria, por favor no solo busquen éxitos, los éxitos son muy fugaces”, recomienda.
Sabias palabras de nuestro Takaatsu, japonés que se adoptó ser boliviano, a lo largo de esta conversación comprendo, que su yo interior no es un lugar superficial como pensamientos y sentimientos, es el pulso de su propia vida y de existencia, espacial y cronológica. La melodía, ritmo o silencio no le importan, porque coincide perfectamente con el sonido, el ego desaparece, ese es el estado ideal de la música e interpretación de Takatssu.
Hoy radicado en su país, a sus 62 años ofrece conferencias sobre el
mundo andino, tiene 60 conciertos al año en varias regiones del Japón y Europa, aunque en su cotidiano vivir cosecha arroz desde hace 16 años, le encanta cocinar para los amigos, pinta y practica la música todos los días.
Desde este espacio solo decirle; gracias por tu aporte a la música de los andes Takaatsu, esperamos pronto tenerte nuevamente por estos terruños que te extrañan y tu añoras, necesitamos tertuliar nuestras experiencias de vida y planear proyectos con nuestro arte.
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