Cómo no homenajear a Santa Cruz de la Sierra, a esa hermosa tierra de la que aprendí lo tenaz de la vida. Allá por los años setenta cuando de niño (11 años) recorrí kilómetros de carretera en la carga de un camión, desde el agreste altiplano, pasando por los valles cochabambinos, hasta llegar al oriente, donde fui acogido por su gente amable y cariñosa, aunque mis compañeros de curso de la escuela Club de Leones donde estudié, me decían “Colla, batí tu olla con harta cebolla”, anécdotas que marcaron mi vida para querer y amar a la linda heredad camba.

Cómo no homenajear a Santa Cruz de la Sierra, a esa hermosa tierra de la que aprendí lo tenaz de la vida. Allá por los años setenta cuando de niño (11 años) recorrí kilómetros de carretera en la carga de un camión, desde el agreste altiplano, pasando por los valles cochabambinos, hasta llegar al oriente, donde fui acogido por su gente amable y cariñosa, aunque mis compañeros de curso de la escuela Club de Leones donde estudié, me decían “Colla, batí tu olla con harta cebolla”, anécdotas que marcaron mi vida para querer y amar a la linda heredad camba.

Santa Cruz, es aquel pueblo de ensueño, ubicado en comarcas esplendorosas del verdor esmeraldino, tierra de jactancias, de tan fantástica potencialidad de fertilidad en el corazón de la amazonia, pulmón oxigenante del planeta, tierra bañada por cientos de ríos de aguas dulces, navegables y cuencas fluviales de majestuosa grandeza, como riqueza y vías de infinitas llanuras de integración, con pampas que se juntan en lontananza con el cielo bajo un centellante azul que ilumina desde el naciente hasta el poniente, aunque hoy se ve sumida en la humareda producto del fuego asesino que azota todo el suelo oriental.

Ya adulto, después de recorrer varios países por el mundo, pude retornar a esa hermosa ciudad, esta vez ya no en el camión de mi infancia. Y encontré una Santa Cruz con expresión de desarrollo y dinámico progreso, diferenciar del trazado colonial de manzanas cuadradas y calles rectas en torno a la Plaza principal, al trazado moderno y planificado en base a amplias avenidas que circundan el casco viejo en una serie de anillos, siendo la única ciudad de Bolivia que se desarrolla de acuerdo a una planificación preestablecida.

En mi recorrido por la ciudad, pude advertir una Santa Cruz como el principal centro comercial, financiero e industrial de Bolivia. En la capital del Departamento de Santa Cruz, con anchas avenidas y modernos edificios conforman esa ciudad donde existe actualmente uno de los núcleos urbanos con mayor crecimiento poblacional de Sudamérica.

Cómo no homenajear a Santa Cruz de la Sierra, situada a orillas del río Piraí, con clima húmedo y tropical. Al cumplir 214 años de su grito libertario, desde Oruro lugar de mi residencia, es inevitable hacer un viaje imaginario, donde las avenidas no existían, ni muchos menos los celulares, allá donde nuestro caminar descalzo en las arenas de la Ramada, el Camal, entre otras calles, casi se fusionaban con la naturaleza, aquella que nos dio lo que necesitábamos, porque había que trabajar de lo que se podía, para vivir, pero vivir en sana civilización de ciudad en crecimiento. A través de estas líneas, va mi homenaje a esa bella ciudad que pronto la visitaremos, pero esta vez con la Academia y el Arte que practico. ¡Felicidades Santa Cruz!