Finalizando el siglo XIX y principios del siglo XX tras cambios en el mundo. "En Bolivia se dio un intencionado sentido dirigista, desde los pragmáticos y progresistas gobiernos liberales de las primeras décadas, hasta el estatismo socializante de la segunda mitad de siglo". (P. Querejazu)
Finalizando el siglo XIX y principios del siglo XX tras cambios en el mundo. "En Bolivia se dio un intencionado sentido dirigista, desde los pragmáticos y progresistas gobiernos liberales de las primeras décadas, hasta el estatismo socializante de la segunda mitad de siglo". (P. Querejazu)
Hace varios años atrás escribí una tesis de maestría, referida al sujeto indígena en obras de artistas plásticos bolivianos. Sin duda el análisis me permitió escudriñar; tanto desde lo académico como mi experiencia de artista, las obras de los pintores bolivianos. Para el presente no individualizare a los mismos, porque será motivo de otro artículo.
NEGACIÓN DE LO INDÍGENA
Sin duda la presencia del indio definió la estratificación social en Bolivia, a partir de la negación de lo indígena en elites sociales, porque el indio fue invisibilizado en procesos históricos y relatos formales de su historia. Es a finales del siglo XIX que surge un arte plástico contemporáneo cuyo contenido temático se inicia con la necesidad de reconocer el mestizaje de la población boliviana y la necesidad de consolidar una nueva identidad nacional. “El indio legitima el presente, pero para que su imagen pueda transgredir las normas sociales es necesario que incorpore elementos nuevos a su propia expresión Sígnica”, advierte la destacada investigadora Pilar Contreras, en una publicación de la Revista T´inkazos.
En esa primera instancia, la representación identitaria del indio debía contar con la humillación y subordinación, no solo político-económica, sino también social, como características necesarias para que el colono, corregidor u otra figura de este estilo, pudiera ejercer su poderío político. Si la imagen del indio no hubiera llevado toda esa índole de rasgos de inferioridad y diferencia, si no se le hubiera rebajado de categoría, muy difícilmente, se hubiera podido obtener tal éxito político y económico, de las distintas entidades de poder en América y Bolivia en particular.
En segunda instancia, el indio no solo era retratado como mendigo o cargador, en las telas de los artistas, se cuestiona la forma de mirar el entorno y poco a poco su vestimenta sus rasgos físicos y su cotidiano, es decir expresan el hambre la necesidad del otro en procura de una reivindicación con concepciones estéticas diferentes. La forma de pintarlo y de reproducir su existencia invisible, enmascara los impulsos más íntimos detrás de signos hasta cierto punto insondables.
MOVIMIENTO ESTÉTICO CON LA IMAGEN DEL “INDIO”
Lo anterior descrito lleva a los artistas a proponer estéticas donde la figura del indio redescubre un movimiento estético y sociocultural en relación a estructuras políticas de poder y al mercado simbólico. Obras como “El Yatiri” de Arturo Borda se encuadran en el movimiento simbólico prevaleciente de principios del siglo XX. Recodar que Borda tenía una preocupación e interés por los temas sociales, lo que le llevó a fundar la sociedad Obreros del Porvenir.
El artista Cecilio Guzmán de Rojas pintó bellos cuadros de indios, pero los mismos carentes de referente empírico, incapaces de establecer vasos comunicantes con la misma realidad del indio de entonces; corroborando esta valoración Pedro Querejazu (1989) afirma que Guzmán de Rojas evidentemente plantea el indigenismo como estética nacional, reivindicando la imagen del indio, “sin considerar al hombre como tal ni su problemática social”.
EL INDIO EN PAREDES QUE HABLAN
Otro soporte que permitió reflejar la imagen del indio quizás sea el muralismo boliviano como advierte el sociólogo boliviano Fernando Calderón, “fue una de las producciones estéticas y culturales más significativas del siglo XX en América. En las actuales condiciones de la crisis de la modernidad contemporánea, resignificarlo constituye uno de los desafíos más fascinantes de las sociedades y de los analistas contemporáneos”, es decir; el autor citando a Salazar Mostajo interpela que «...lejos de ignorar al indio, lo que hace es convertirlo en el epicentro de su quehacer plástico, puesto que es al mismo tiempo la base del desarrollo nacional en todo aspecto... El indigenismo se moderniza, se actualiza a nivel de los quehaceres internacionales, permanece como la sustancia de las nuevas tendencias, las alimenta de manera permanente y segura.»
Para el caso boliviano, la tradición indigenista en diálogo con el muralismo se observan en distintos pintores entre ellos; Miguel Alandia Pantoja, Walter Solón Romero, Guillermo Moscoso, principalmente, son los artistas de la segunda mitad del siglo XX, quienes responden a un proceso histórico social en el que se observan diversas construcciones simbólicas, por lo que “el indio aparece como el elemento aglutinador de diversas corrientes ideológicas, políticas y también estéticas…el indio aparece como un ser familiar, pero clandestino. Lo ominoso se manifiesta cuando este hombre transgrede las normas sociales, éticas, morales, estéticas, pero aun, cuando transgrede el propio yo”. (Pilar Contreras)
Finalmente, dentro la plástica nacional en la estética está la presencia del indio y que define la estratificación social y es en la negación de lo indígena que las élites se constituyen como tales. La producción artística recoge y construye símbolos que surgen de la cotidianidad, del intercambio de sentidos y de formas de mirar la realidad, esas representaciones aparecen en la pintura, son un conjunto de imágenes legítimas, donde la incorporación del elemento indio no es casual, porque obliga a la propia negación de una clase social empoderada del poder, que subyuga a esa clase social dominada.
Comentarios (0)
Deja tu comentario
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en comentar!