
Creo que el vaso se rebasó. Cada gobierno de turno arremete contra la cultura, demostrando una total falta de criterio al no entender que de ella también se puede vivir. A las pruebas me remito, tomando como ejemplo a nuestro vecino más cercano: el Perú.
El ingreso total por divisas de turismo receptivo en el Perú alcanzó los US$ 5.351 millones al cierre de 2025, según reportes oficiales del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo. Esto equivale a un promedio aproximado de US$ 157 per cápita si se divide la cifra total entre la población nacional. El dinero que ingresa a ese Estado por este concepto se destina precisamente a fortalecer el turismo y la economía del país.
EL EFECTO MULTIPLICADOR DE LA IDENTIDAD
El eje central de la dinámica turística es la cultura: las tradiciones, la música, la gastronomía, entre otros aspectos Todo ello genera un efecto multiplicador que se articula con otros actores sociales, como restaurantes, hotelería, transporte y guías turísticos. (Economía Naranja).
Lo que les falta comprender a estos gobiernos insensibles es qué es realmente la cultura. No solo es “cultura es todo lo que hace el hombre”, es el contexto total de una región o de un país, y es un elemento vital en toda sociedad. Los países del primer mundo viven del turismo, pero porque otorgan las condiciones necesarias para que el visitante consuma la oferta cultural de cada nación.
RIQUEZA CULTURAL FRENTE A LA CRISIS
¿Por qué atacar la cultura y los componentes que la integran? Si un país se sume en la pobreza y carece de grandes recursos económicos o de infraestructura avanzada debido a su condición en desarrollo, posee en su riqueza cultural y sus tradiciones una base fundamental. Por lo tanto, no solo podemos depender del rebalse de otros países, principalmente del Perú, sino de lo que nosotros mismos seamos capaces de generar.
Hoy nos hemos informado de que el gobierno elimina dos ministerios: Planificación y Turismo. Fuentes oficiales indican que el presidente Rodrigo Paz afirmó que “el reordenamiento del Ejecutivo busca reducir la burocracia y avanzar hacia un Estado más inteligente, eficiente, transparente y cercano a la gente”. Sin embargo, de retórica no se vive; muchos actores culturales y sociales protestan ante tamaño exabrupto de una administración que no comprende qué es el turismo ni qué es la cultura.
LA IMPROVISACIÓN ESTATAL Y EL RETROCESO INSTITUCIONAL
Si bien la mayoría de los países en Europa no tienen un ministerio exclusivo para el turismo, y el sector se gestiona mediante secretarías de Estado o direcciones generales integradas en carteras más amplias como economía, comercio o industria —coordinándose a nivel comunitario mediante comités de la Unión Europea—
En nuestro caso, llevar el área a una agencia de turismo suena hasta grotesco. ¿De qué parte del Estado funcionará?, ¿tendrá presupuesto independiente?, ¿las decisiones se tomarán a partir de quiénes?, cuando esto debería ser un asunto integral y requerir una articulación directa con la presidencia misma y con el Ministerio de Economía, por ejemplo.
El presidente Rodrigo Paz Pereira anunció la transformación del área de Turismo mediante la creación de una Agencia Nacional del Turismo, del Folclore y de la Gastronomía, supuestamente para eliminar la burocracia y convertirla en un engranaje con mayor impacto en la economía nacional. ¿Pero con qué planificación?, ¿bajo qué mirada?
CRITICAS
Ante esto, las críticas y el escepticismo no se han hecho esperar. Sectores de la oposición y usuarios en plataformas digitales cuestionaron la medida como un intento improvisado de reducir el aparato estatal sin un norte claro. Si bien diversas voces ciudadanas exigen al mandatario que este achique burocrático se traduzca en una solución real a la crisis económica y al desabastecimiento, no se puede actuar de esta manera, atacando a un sector del cual perfectamente se puede vivir.
El economista Gonzalo Chávez advirtió que Bolivia tiene un gran potencial que generaría entre 3.000 y 3.500 millones de dólares anuales a través del turismo y la economía naranja (cultura, gastronomía y creatividad), planteándolo como una alternativa clave frente a la crisis de los recursos extractivos. ¿Los estudiosos del gobierno nunca analizaron este hecho?
CONCLUSIÓN
Despreciar la cultura bajo el argumento de optimizar el Estado no es más que una muestra de miopía política y administrativa. Reducir carteras estratégicas sin un análisis profundo condena al país a desaprovechar su mayor ventaja competitiva frente a la crisis económica. La cultura no es un gasto superfluo ni un ornamento prescindible; es el cimiento de nuestra soberanía, un motor económico autosostenible y una fuente inagotable de desarrollo que, administrada con visión e inteligencia, puede sostener con dignidad el futuro de toda la nación. ¿No les parece?

*Ricardo Rocha Guzmán es:
Comunicador Visual y Social, Magíster en Comunicación Intercultural como Aporte al Desarrollo, Periodista, Artista Plástico, Músico, Gestor Cultural, Catedrático Universitario de Posgrado y Conferencista Internacional.
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